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miércoles, 11 de marzo de 2009

Jonathan Richman

Esta noche pasada me han invitado a un concierto al que difícilmente habría ido de motu propio, pero del que difícilmente habrá salido nadie decepcionado (yo, desde luego, no). Ha actuado Jonathan Richman en la sala Apolo de Barcelona, acompañado únicamente de su socio Tommy Larkin a la batería, su guitarra española y una especie de cencerro que tocaba con una baqueta.
Aunque le conocía desde hace mucho tiempo, e incluso tengo algún disco suyo, jamás le había visto en directo y la verdad es que me ha sorprendido muy gratamente. Este es un tipo al que no creo que la crisis de la industria discográfica con sus descargas ilegales le haya afectado lo más mínimo. Él se gana la vida con sus conciertos y los discos que le compran sus incondicionales desde hace más de 40 años.
Lo primero que uno piensa viéndole cantar, bailar y actuar con su estilo tan naif e inocente, es que se trata de un tipo entrañable con el que uno no podría enfadarse jamás. Su aparente bondad (al final, incluso ha ayudado a los roadies a desmontar el escenario) y su capacidad de generar buen rollo y diversión me han parecido desarmantes. Mirando a mi alrededor veía una audiencia de lo más variopinta en la que tod@s tenían algo en común: una sonrisa beatífica dibujada en el rostro...
Pero que nadie crea que es simplemente un tipo simpático que no soporta un escrutinio artístico más cercano. Aparte de componer todos sus temas y cantar más que bien, es todo un showman que se expresa en cuatro o cinco idiomas (su castellano es macarrónico, pero muy divertido) y toca la guitarra solventemente con un estilo entre sureño, flamenco, bluegrass y country (a veces parecía que tocara una mandolina y no una guitarra española).
Investigando un poco sobre su carrera, descubrimos que fundó el grupo The Modern Lovers en 1970 junto a Jerry Harrison (quien más tarde se uniría a los geniales Talking Heads) y David Robinson (que haría lo propio con mis adorados The Cars). Los Modern Lovers, originalmente producidos por John Cale, eran un grupo Proto-Punk que influenció incluso a los Sex Pistols. Tuvieron diferentes formaciones y grabaron varios discos a lo largo de los años.
En solitario, en cambio, ha desarrollado un estilo más decantado hacia el Rock acústico con múltiples influencias, asequible, pero huyendo siempre de la comercialidad más descarada. De cualquier manera, este hombre tiene una carrera sólida, e incluso tuvo sus 15 minutos de fama al crear la banda sonora y aparecer en la película "Algo pasa con Mary" de los hermanos Farrelly (él cantaba en el coro griego que narraba las desventuras del protagonista, en inglés en la versión original y en español en la versión doblada).
Aquí podemos ver un video en directo de uno de sus primeros (y escasos) éxitos, "Roadrunner". Y aquí vemos al gran Iggy Pop versioneando su divertido tema "Pablo Picasso".
Sus canciones tratan de los temas más variados, sencillos y cotidianos: de por qué debemos dedicarnos a saborear y disfrutar el vino y no a discutir sobre esnobismos de catadores, de lo mucho que le gusta su Fender Stratocaster, o de una novia que tuvo que le quería más de lo que él habría deseado. Y es que es imposible conocer a Jonathan Richman y no quererle.

Recomiendo su disco de 2004 "Not so much to be loved as to love". Tiene un excelente trabajo de guitarra y una de las mejores grabaciones de batería que he podido escuchar. También excelente es "I'm so confused", con un sonido minimalista producido por Ric Ocasek que hace que Jonathan se materialice en tu sala de escucha.

miércoles, 7 de enero de 2009

Ron Asheton

Acaba de morir, tristemente sólo en su casa, Ron Asheton, el que fue guitarrista y fundador de The Stooges. Parece ser que llevaba varios días muerto cuando la policía encontró el cadaver.

John Lennon dijo una vez que, conceptualmente, no se había inventado nada mejor que el rock clásico, el rock de los 50. Efectivamente, ese esquema tan simple como efectivo se ha ido repitiendo hasta la saciedad desde entonces hasta nuestros días, solamente trufado según el origen (de país o de estrato social) del grupo en cuestión o de las circunstancias históricas en que fue concebida la música. Escuchando a los Stooges, es evidente que las circunstancias históricas y el lugar en que fue concebida esa música no eran paradisíacos precisamente. La agresividad, la rabia no contenida y el peligro que transmitían con su música y su actitud aún asusta. Los riffs afilados y monolíticos de Ron Asheton, los feroces aullidos de Iggy Pop y la potente sección rítmica formada por Scott Asheton y Dave Alexander fueron los encargados de bajar el telón de los años 60, del Flower Power y del verano del amor. Nos decían que ellos eran los hijos olvidados del mundo nacidos para destruir y cargaban contra todo y contra todos con un nihilismo absoluto y una música rompedora.

Aunque suene a tópico manoseado, los Stooges se adelantaron varios años a su tiempo. Es más, un disco como "Fun House" sería adelantado a su tiempo incluso si se hubiera publicado en 2009. Es un disco fuera del espacio temporal como lo conocemos, como lo fueron los Stooges. Posiblemente por eso, no sólo no tuvieron el más mínimo éxito durante su existencia, sino que en sus conciertos la gente permanecía estática y atónita sin entender absolutamente nada de lo que veían. Pero también por eso, su influencia y su legado empezaron a notarse varios años más tarde, y siguen notándose casi cuarenta años después de su (primera) desaparición como grupo.
Los vi en directo en el Primavera Sound tras su reunión de 2003 y aunque no estaban en su mejor forma física (todos menos ese asombro de la ciencia médica que es Iggy Pop), su incendiario repertorio lo salvó todo y la gente del público acabó enloquecida bailando sobre el escenario. Al menos Ron pudo disfrutar de algo de éxito y notoriedad antes de morir.

Aquí
podéis ver un curiosísimo video de unas modelos preciosas cantando el tema de los Stooges "I wanna be your dog", probablemente la declaración de amor más sumisa de la historia. Preguntándole a Ron de dónde sacaban esas canciones y esos títulos, respondió que era la jerga que utilizaban ellos, un grupo dentro del gran grupo de desarraigados de este mundo, que son los que a menudo escriben la historia.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Jeff Buckley

Si tienes pensado publicar un sólo LP y morir prematuramente a los 30, más te vale hacer algo realmente especial si quieres pasar a la historia. Afortunadamente, Jeff Buckley lo consiguió con "Grace". Después de completar este álbum se dedicó unos meses a girar promocionándolo, grabó algunos Ep's de demo y comenzó la grabación del que iba a ser su nuevo disco "My sweetheart the drunk". Durante una de las giras paró unos días a descansar y murió ahogado en un río donde había ido a nadar. Era el año 1997 y Jeff tenía 30 años.
Este es uno de esos discos imposibles de ubicar, no sólo dentro de un estilo, sino incluso dentro de una época. Es una música absolutamente original, personal e inclasificable, cantada con un sentimiento conmovedor. Casi puedes sentir el sufrimiento, ver el alma detrás del hombre entre los lamentos y esos registros agudos imposibles de alcanzar para la mayoría de cantantes de rock. No podriamos decir que al irse Jeff dejó un hueco imposible de rellenar, porque no ha habido nadie como él antes ni después.

Sus influencias iban desde Pink Floyd hasta Maurice Ravel, pasando por el Jazz Fussion de Al di Meola, el Hard Rock de Led Zeppelin, el Rock progresivo de Rush y Yes, el Blues primigenio de Robert Johnson o el electrificado de Jimi Hendrix. Todas esas influencias se adivinan en las canciones de este disco y en el resto de grabaciones que dejó antes de morir. Sus tentáculos abarcaban hasta la Chanson Française de Edith Piaff, si escuchamos las versiones que solía hacer. Y hablando de versiones, su lectura del "Hallelujah" de Leonard Cohen, interpretado por Jeff acompañándose únicamente de su guitarra, es definitiva. Tanto que Cohen dejó de interpretar su tema en directo hasta la muerte de Jeff, después de la cual sólo lo volvió a interpretar como homenaje póstumo al malogrado cantautor.
De todo este crisol de influencias, surgen piezas de rock sin etiquetas como "Grace", "So Real" ó "Last goodbye" con unas progresiones de acordes de guitarra y unas armonías simplemente extraordinarias, temas de cariz religioso como el mencionado "Hallelujah" o "Corpus Christy Carol" de Benjamin Britten, baladas increíblemente sentidas como "Lover, you should come over" ó "Lilac Wine" y canciones rabiosamente potentes como "Eternal Life". En 2004 apareció una edición extendida del disco subtitulada Legacy Edition, conmemorativa de su 10º aniversario, con cantidad de temas extra todos ellos imprescindibles.

Por si la calidad musical fuera poco, la grabación es sensacional. Detallada, dinámica, espaciosa, repleta de matices que vas descubriendo progresivamente. Las piezas más intimistas fluyen majestuosamente, con unos silencios que cortan la respiración. Con los temas más expansivos las paredes de la habitación parecen desaparecer... Uno de mis discos de referencia, tanto musical como sonora. Una de esas obras que, desde que las escuchas por primera vez, sabes que van a acompañarte el resto de tu vida.

Es irónico que uno de los momentos más especiales del disco de un hombre que murió ahogado sea un suspiro, una bocanada de aire que se escucha al principio de "Hallelujah". Precisamente eso es lo que representó Jeff Buckley, no solo en los 90, sino dentro de la música del pasado siglo: una verdadera bocanada de aire fresco, un destello en el cielo, una especie de estrella fugaz que pasó muy deprisa y sólo fue vista por unos pocos privilegiados.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Autenticidad

Llevo unas semanas de tremendo trabajo (y que dure, que no está el horno para bollos) en que no he tenido tiempo de escuchar mi equipo principal.
Finalmente esta noche pasada pude sentarme a escuchar algo de música, en vinilo por supuesto. En CD la música se pone de fondo, no se escucha. En vinilo la experiencia de escuchar música se convierte en algo real, personal, íntimo. Un ritual de placer que requiere de todo nuestro esfuerzo y atención.
De entre toda mi colección de vinilos, mis dedos fueron directos a este doble LP de prensado audiófilo de 180 gramos que adquirí en la última feria del disco de coleccionista en Barcelona: ¨West¨ de Lucinda Williams.
La preciosa foto de la portada es de la carismática fotógrafa americana Annie Leibovitz. En el interior del álbum hay otra foto, de Margaret Malandruccolo, de unos caballos salvajes galopando en un río con una frase impresa del padre de Lucinda, el poeta Miller Williams: ¨No sabemos qué guerras se están librando allá dentro, donde el alma toca el hueso¨. Ambas fotos nos ilustran claramente sobre lo que encontraremos entre los surcos.
Lucinda es una digna continuadora de la prolífica cantera de cantautor@s americanos como Dylan, Young, Harris, Reed, Seger, Waits, Springsteen, Petty, Cougar, Hiatt, Isaac, etc. Hace poco, la revista Time la nombró la mejor escritora de canciones americana, y no seré yo quien les contradiga. Me costaría decidir si es mejor este disco o el más rockero y tremendamente exitoso ¨Car wheels on a gravel road¨, que fue el que forjó la mayor parte del prestigio de Lucinda como músico. También muy recomendables son "Live at the fillmore" y "World without tears". Ahora acaba de sacar su nuevo disco, "Little Honey" que no puedo esperar a descubrir.

En "West" aparecen músicos incontestables, como Tony Garnier de la banda de Bob Dylan al bajo, o el gran Jim Keltner a las baquetas, además de sus habituales Rob Burger y Doug Pettibone, y es un claro ejemplo de que el vinilo le da una presencia especial a la música, que suena fresca y real, como una banda de músicos tocando en la habitación de tu casa. Quien no tenga tocadiscos, por favor que no se prive, el CD es igualmente bueno.
Aquí hay un puñado de canciones escritas todas por Lucinda desde el fondo de su corazón. Hablan de devastadoras separaciones, de amores lejanos, de la muerte de su madre y, por encima de todo, de la esperanza que se divisa como una luz al final del camino. Todos los temas están cantados con lirismo y con el aplomo y la consistencia que dan 30 años de carrera ascendiendo pausadamente hasta la cima de su arte. Dicen que algunas de las interpretaciones vocales que se incluyeron finalmente se escogieron de entre las sesiones de ensayo porque, a pesar de las imperfecciones, rebosaban sentimiento y autenticidad a raudales.

Dentro de una mezcla ecléctica de rock americano, medios tiempos country blues y hasta un tema narrado casi en clave rapera, aquí hay algo para todo el mundo. Te podrá gustar o no, pero, indiscutiblemente, destila autenticidad y eso, en estos tiempos, merece un respeto.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Rory Gallagher

Estoy escuchando a Rory Gallagher mientras trabajo. No estoy haciendo nada que requiera de gran atención, pues sería imposible hacerlo con una música tan intensa y poderosa de fondo. Rory, en paz descanse, era un cantante y guitarrista irlandés de blues rock que murió prematuramente a los 47 años tras no superar un trasplante de hígado que le hicieron como consecuencia de su adicción al alcohol. Es triste la gran cantidad de artistas que han fallecido antes de hora, especialmente debido al consumo de drogas o alcohol. Supongo que este tipo de gente especialmente sensible es víctima propiciatoria de caer en adicciones al intentar refugiarse del alienamiento de nuestra sociedad actual.
Tengo que reconocer, no sin cierta vergüenza, que no hace mucho tiempo que le descubrí. Le conocía de nombre y por referencias desde hace mucho tiempo, pero jamás había escuchado nada suyo. Un feliz día, me compré un SACD doble multicananal llamado “Big Guns. The very Best of Rory Gallagher. Más tarde descubrí que, ni este es un disco recomendable para conocer la obra de Rory, ni es posible hacerse una idea acertada de la obra de un monstruo como él con un disco de estas características, pero le tengo cariño porque me abrió las puertas a la obra de este gran músico. Cada vez que descubro e incorporo a mi universo particular algo tan exageradamente bueno que no conocía de antes me siento reconfortado porque veo que aún no está todo perdido, que aún me quedan cosas grandes por descubrir y que conservo, como un niño, la capacidad de ilusionarme ante algo nuevo.
Rory hacía (o hace, porque su música nunca morirá) un blues-rock de raíces tradicionales, pero aportando su personalísima voz e inigualable destreza con la guitarra, así como su inmenso talento como compositor. El blues puede llegar a ser una música monótona por su estructura monolítica y la poca evolución del género, pero en manos de Rory es una continua sorpresa y está a la altura de cualquier estilo musical producido por el ser humano. Tocaba con maestría la guitarra, la mandolina, el saxofón y la armónica, lo cual le daba una gran riqueza y variedad a su música. Escuchando toda su discografía descubres que apenas tenía canciones de relleno. El nivel era fabulosamente alto.
En una ocasión, entrevistaron a Jimi Hendrix y le preguntaron: "¿Qué se siente siendo el mejor guitarrista del mundo?". Jimi contestó: "Bueno, esa pregunta tendría que hacérsela a Rory Gallagher". ¿Cabe mayor elogio?...
Si como guitarrista fue una inspiración para miles de aficionados y profesionales, en directo era un performer de nivel estratosférico y personalmente era un tipo entrañable al que todo el mundo quería.
Cuentan que los Rolling Stones intentaron ficharle en 1974 para sustituir a Mick Taylor, pero tras unas pruebas y al no darle una respuesta en un plazo razonable, Rory se marchó a Japón, donde tenía una serie de conciertos previstos. Finalmente no recibió respuesta de los Stones, que acabaron fichando a Ronnie Wood. Sin duda, esta fue la mejor salida para todos. Rory prosiguió con su carrera personal creando una obra maestra tras otra, Ronnie Wood se unió a la banda de su vida (con permiso de los Faces) y los Glimmer Twins se ahorraron tener que “frenar” a esta bestia escénica como hicieron, a otro nivel, con Mick Taylor o con Brian Jones antes. Rory se habría merendado en escena y en estudio al bueno de Keith con su destreza guitarrística y, si se descuidan, también a Mick como cantante. No me malinterpretéis, adoro a los Stones y toda su obra (hasta “Tatoo You”…), pero está claro que son un grupo en que el todo es más que la suma de las partes, lo cual por supuesto es como tiene que ser.
Aparte de su tremenda influencia en generaciones de músicos y del icono que es para miles de guitarristas, Rory es todo un héroe nacional en su Irlanda natal. Incluso tiene una plaza con su nombre y una estatua (creada por una escultora amiga suya de la infancia) en Cork (República de Irlanda). Comercialmente, vendió 30 millones de discos, lo que no es moco de pavo.
En la wiki tenéis su discografía y links a sitios interesantes como su web oficial , su club de fans virtual en My Space o esta emotiva web de tributo creada por un fan que tuvo el privilegio de verle en directo.
Todo lo que he escuchado de él es recomendable, pero siendo un artista tan increíble, yo empezaría por el principio y me lo tragaría todo. Especialmente intensos son sus álbumes en directo “Irish Tour” y “BBC Sessions” o el concierto disponible en DVD "Live at the Jazz Festival Montreux".

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