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sábado, 13 de agosto de 2016

En fuerte rotación: The Cars, "Heartbeat City" Gold HDCD

(Artículo publicado originalmente el 20/08/2010)


Hay momentos puntuales en nuestra vida que por alguna razón seguimos recordando no importa cuanto tiempo haya pasado. Uno de estos momentos para mi, fue hace un montón de años, en el Mini Estadi de Barcelona,  en los prolegómenos de un  concierto de Queen en su Magic Tour. Sus mejores años, discográficamente hablando, eran historia pero, en concierto, Queen seguían siendo uno de los mayores espectáculos del planeta, con Freddie Mercury en pleno apogeo como frontman, cantando mejor que nunca y manejando las masas a su antojo.
Estábamos tomando cerveza y esperando que salieran las estrellas de la noche mientras iba desfilando música variada a través del impresionante sistema de sonido de 500.000 watios de potencia cuando, de pronto, empezó a sonar una canción que captó mi atención inmediatamente. Era un tema increíble, crepuscular y sentido.
"Son 'The Cars' -me dijo uno de mis amigos- quiero comprarme algún disco de ellos".
Ese tema, como el momento, se me quedó grabado en la mente sin remisión, y al  poco tiempo me tuve que comprar el LP que lo contenía. El tema se llamaba "Drive" y el LP era "Heartbeat City".

jueves, 20 de noviembre de 2008

Jeff Buckley

Si tienes pensado publicar un sólo LP y morir prematuramente a los 30, más te vale hacer algo realmente especial si quieres pasar a la historia. Afortunadamente, Jeff Buckley lo consiguió con "Grace". Después de completar este álbum se dedicó unos meses a girar promocionándolo, grabó algunos Ep's de demo y comenzó la grabación del que iba a ser su nuevo disco "My sweetheart the drunk". Durante una de las giras paró unos días a descansar y murió ahogado en un río donde había ido a nadar. Era el año 1997 y Jeff tenía 30 años.
Este es uno de esos discos imposibles de ubicar, no sólo dentro de un estilo, sino incluso dentro de una época. Es una música absolutamente original, personal e inclasificable, cantada con un sentimiento conmovedor. Casi puedes sentir el sufrimiento, ver el alma detrás del hombre entre los lamentos y esos registros agudos imposibles de alcanzar para la mayoría de cantantes de rock. No podriamos decir que al irse Jeff dejó un hueco imposible de rellenar, porque no ha habido nadie como él antes ni después.

Sus influencias iban desde Pink Floyd hasta Maurice Ravel, pasando por el Jazz Fussion de Al di Meola, el Hard Rock de Led Zeppelin, el Rock progresivo de Rush y Yes, el Blues primigenio de Robert Johnson o el electrificado de Jimi Hendrix. Todas esas influencias se adivinan en las canciones de este disco y en el resto de grabaciones que dejó antes de morir. Sus tentáculos abarcaban hasta la Chanson Française de Edith Piaff, si escuchamos las versiones que solía hacer. Y hablando de versiones, su lectura del "Hallelujah" de Leonard Cohen, interpretado por Jeff acompañándose únicamente de su guitarra, es definitiva. Tanto que Cohen dejó de interpretar su tema en directo hasta la muerte de Jeff, después de la cual sólo lo volvió a interpretar como homenaje póstumo al malogrado cantautor.
De todo este crisol de influencias, surgen piezas de rock sin etiquetas como "Grace", "So Real" ó "Last goodbye" con unas progresiones de acordes de guitarra y unas armonías simplemente extraordinarias, temas de cariz religioso como el mencionado "Hallelujah" o "Corpus Christy Carol" de Benjamin Britten, baladas increíblemente sentidas como "Lover, you should come over" ó "Lilac Wine" y canciones rabiosamente potentes como "Eternal Life". En 2004 apareció una edición extendida del disco subtitulada Legacy Edition, conmemorativa de su 10º aniversario, con cantidad de temas extra todos ellos imprescindibles.

Por si la calidad musical fuera poco, la grabación es sensacional. Detallada, dinámica, espaciosa, repleta de matices que vas descubriendo progresivamente. Las piezas más intimistas fluyen majestuosamente, con unos silencios que cortan la respiración. Con los temas más expansivos las paredes de la habitación parecen desaparecer... Uno de mis discos de referencia, tanto musical como sonora. Una de esas obras que, desde que las escuchas por primera vez, sabes que van a acompañarte el resto de tu vida.

Es irónico que uno de los momentos más especiales del disco de un hombre que murió ahogado sea un suspiro, una bocanada de aire que se escucha al principio de "Hallelujah". Precisamente eso es lo que representó Jeff Buckley, no solo en los 90, sino dentro de la música del pasado siglo: una verdadera bocanada de aire fresco, un destello en el cielo, una especie de estrella fugaz que pasó muy deprisa y sólo fue vista por unos pocos privilegiados.

viernes, 24 de octubre de 2008

Soporte físico y derechos de autor

Un pensamiento sobre los Derechos de autor, el descargar música de Internet, el Copyright y demás.
Más o menos a finales de los 70, siendo un crío aún, empecé a comprarme discos. Antes escuchaba lo que tenían mis padres o lo que había heredado de mis primos mayores. Los discos en esos años eran todos de vinilo, obviamente. Escuchabas el disco en el tocata de casa, el que el altavoz estaba en la misma tapadera del plato. Entonces, si querías llevarte el disco para escucharlo en el auto de papá durante un viaje largo, tenías que comprarte el cassette, porque las platinas estéreo decentes aún eran caras y elitistas.
En 1981, aproximadamente, se empezó a comercializar el CD. Yo empecé a comprar CD’s hacia 1986. Como siempre me ha gustado ir a la vanguardia de la tecnología, muchos de los discos que ya tenía en vinilo me los compré en CD. Los escuchaba y comparaba con el vinilo, en audiciones A/B (sincronizando las dos fuentes y conmutando entre ellas rápidamente para intentar escuchar las diferencias) y ya me mosqueé un poco. Sí, sonaba más limpio. Sí, no hacía el típico refrito. Sí, no se rallaba (siempre que lo trataras bien). Pero el sonido NO ERA MEJOR, y le faltaba algo: calidez, alma, presencia física, es difícil de describir.
Hacia el 82 nos compramos el primer Video, un betamax Sony. Aquello era la bomba. Tenias montones de películas en los videoclubs y podías grabar de la tele!!.
Hacia el año 97 apareció el DVD. Ahora te comprabas otra vez lo que ya tenías en Video, disco, CD, ó cassette. Pero bueno, esta vez tenías imagen en muy alta calidad, sonido multicanal envolvente, multidiomas en caso de las películas, etc. Era un punto poder comprar DVD’s de conciertos y por fin VER lo que habías estado sólo escuchando durante tanto tiempo.
Alrededor del 2000, la industria se saca de la manga el Súper Audio CD (SACD) y el DVD Audio. Estos formatos, ahora prácticamente difuntos (especialmente el segundo), proporcionan sonido multicanal (ó sólo estéreo) de muy alta calidad. A la hora de la verdad, en muchos casos no se nota la diferencia entre el CD y el SACD, pero en otros casos muy concretos la experiencia musical mejora dramáticamente. Escuchar discos como el “The Dark Side of the moon” de Pink Floyd, que originalmente fue concebido en multicanal envolvente, es toda una revelación. Gente como Peter Gabriel, Mike Oldfield o Neil Young, han abrazado alguno de estos formatos de música multicanal alegando que con sólo dos canales no tenían “espacio” para meter todos los instrumentos y efectos que tenían en mente. En cambio, escuchar otros discos que se han remezclado en multicanal cuando originalmente eran sólo estéreo, es cuanto menos, un poco “raro”. Una vez más, yo, y muchos otros incautos, hemos comprado en SACD o DVD Audio discos que ya teníamos en cualquiera de los otros formatos “antiguos”, esperando obtener las ventajas prometidas por las nuevas tecnologías.
Desde hace un par de años, hemos asistido atónitos a la lucha entre dos formatos de Video de alta definición: Blu Ray y HD DVD. Ha ganado el Blu Ray y han perdido los consumidores que se inclinaron por el HD DVD. Las películas que yo he visto en las estanterías de las tiendas en uno y otro formato, evidentemente, son las mismas de siempre y muchas de las cuales ya las tenemos en VHS y/o DVD.
Y aquí llega (por fin) mi reflexión: cada vez que he ido a la tienda de discos a comprarme de nuevo el mismo disco en otro formato, NADIE ME PREGUNTÓ SI YA TENÍA EL DISCO. No me descontaron la parte de los derechos de autor que ya había pagado antes. No me ofrecieron cambiarme el disco viejo por el nuevo pagando sólo el coste del soporte físico. Razonamiento matemático lógico: lo que estamos pagando cada vez es sólo el SOPORTE FISICO. Los derechos de autor, aparentemente, están por ahí flotando, pero no van ligados al soporte físico.
Está clarísimo que cuando nos bajamos (ilegalmente, dicen) música o películas de Internet no nos estamos bajando nada físico: son simples bytes que se graban en nuestro disco duro. Si no robamos ningún soporte físico, ¿por qué estamos haciendo algo ilegal?. ¿No es también ilegal cobrarme una y otra vez por la misma cosa?
Claro que, por una parte, según este razonamiento, tiene sentido que si quiero grabar en un CD la música bajada ilegalmente, me hagan pagar un dinero en concepto de derechos de autor en el precio de los CD’s vírgenes, pero por otra, si bajo música pagando de iTunes o Amazon y la quiero grabar en un CD, ¿por qué tengo que pagar dos veces los derechos de autor?. ¿No tendrían que vender dos tipos de CD’s vírgenes, los “con derechos de autor” y los “sin derechos de autor”?... Pero bueno, creo que ya se me está yendo la olla. Buenas noches…



El CD como objeto de diseño industrial moderno.
(Museum Of Modern Art. NYC.)

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