miércoles, 22 de octubre de 2008

Autenticidad

Llevo unas semanas de tremendo trabajo (y que dure, que no está el horno para bollos) en que no he tenido tiempo de escuchar mi equipo principal.
Finalmente esta noche pasada pude sentarme a escuchar algo de música, en vinilo por supuesto. En CD la música se pone de fondo, no se escucha. En vinilo la experiencia de escuchar música se convierte en algo real, personal, íntimo. Un ritual de placer que requiere de todo nuestro esfuerzo y atención.
De entre toda mi colección de vinilos, mis dedos fueron directos a este doble LP de prensado audiófilo de 180 gramos que adquirí en la última feria del disco de coleccionista en Barcelona: ¨West¨ de Lucinda Williams.
La preciosa foto de la portada es de la carismática fotógrafa americana Annie Leibovitz. En el interior del álbum hay otra foto, de Margaret Malandruccolo, de unos caballos salvajes galopando en un río con una frase impresa del padre de Lucinda, el poeta Miller Williams: ¨No sabemos qué guerras se están librando allá dentro, donde el alma toca el hueso¨. Ambas fotos nos ilustran claramente sobre lo que encontraremos entre los surcos.
Lucinda es una digna continuadora de la prolífica cantera de cantautor@s americanos como Dylan, Young, Harris, Reed, Seger, Waits, Springsteen, Petty, Cougar, Hiatt, Isaac, etc. Hace poco, la revista Time la nombró la mejor escritora de canciones americana, y no seré yo quien les contradiga. Me costaría decidir si es mejor este disco o el más rockero y tremendamente exitoso ¨Car wheels on a gravel road¨, que fue el que forjó la mayor parte del prestigio de Lucinda como músico. También muy recomendables son "Live at the fillmore" y "World without tears". Ahora acaba de sacar su nuevo disco, "Little Honey" que no puedo esperar a descubrir.

En "West" aparecen músicos incontestables, como Tony Garnier de la banda de Bob Dylan al bajo, o el gran Jim Keltner a las baquetas, además de sus habituales Rob Burger y Doug Pettibone, y es un claro ejemplo de que el vinilo le da una presencia especial a la música, que suena fresca y real, como una banda de músicos tocando en la habitación de tu casa. Quien no tenga tocadiscos, por favor que no se prive, el CD es igualmente bueno.
Aquí hay un puñado de canciones escritas todas por Lucinda desde el fondo de su corazón. Hablan de devastadoras separaciones, de amores lejanos, de la muerte de su madre y, por encima de todo, de la esperanza que se divisa como una luz al final del camino. Todos los temas están cantados con lirismo y con el aplomo y la consistencia que dan 30 años de carrera ascendiendo pausadamente hasta la cima de su arte. Dicen que algunas de las interpretaciones vocales que se incluyeron finalmente se escogieron de entre las sesiones de ensayo porque, a pesar de las imperfecciones, rebosaban sentimiento y autenticidad a raudales.

Dentro de una mezcla ecléctica de rock americano, medios tiempos country blues y hasta un tema narrado casi en clave rapera, aquí hay algo para todo el mundo. Te podrá gustar o no, pero, indiscutiblemente, destila autenticidad y eso, en estos tiempos, merece un respeto.

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